sábado, 4 de agosto de 2012

Hacelo por algo

Lo que te voy a contar ahora siempre lo charlamos con los estudiantes de primer año de las Escuelas de Reingreso donde trabajo como docente, pero bien puede valerte en cualquier parte de tu cursada o para otras cosas.
El tema es cómo prepararse para empezar y terminar el secundario. 
Entre muchas cosas que podemos decir y opinar, me interesa que pensemos un rato en que para terminar el secundario es necesario saber ¿para qué me va a servir terminar el secundario?
En una época muy dura de mi familia y de mi vida (seguro no la única ni la última, probablemente la primera) mi vieja se levantaba todas las madrugadas, preparaba el desayuno para tres hijos, la perra y ella, planchaba la ropa de todos, seleccionaba y ponía a lavar otras, colgaba de la soga las lavadas, salía a laburar tempranito, pasaba por el hospital para atender a su otra hija, volvía de noche, limpiaba la casa, los platos, la ropa, escuchaba todas nuestras vivencias cotidianas, actuando casi siempre como el tacho de basura donde descargábamos todo lo que nos dolía o molestaba, preparaba la cena y cuando cada uno y una rajaba al cuarto o a ver la tele se quedaba en una eterna sobremesa hasta que el cansancio la vencía y podía dormir, por lo general pocas horas antes de volver a levantarse y empezar todo de nuevo.
¿Por qué te cuento esto? Pasábamos horas muy dolorosas y yo miraba anonadado como mi vieja hacía esto todos los días sin chistar, sin quejarse. Me parecía imposible.
Era tan así que recuerdo que siempre que alguno de sus hijos e hijas necesitaba algo la vieja estaba. Yo no podía entender cómo hacía mamá para llegar a todos lados, con el enorme dolor que, estaba seguro, ella cargaba permanentemente en su mochila.
Hasta que un buen día me animé y le pregunté "¿Cómo hacés mamá?"
Y ella me contestó fiel a su estilo típico, una mezcla de filosofía taoísta, sencilla, profunda y verdadera. "No te voy a mentir", me dijo, "me levanto todos los días muy cansada y dolorida, pero sé que todo lo que hago lo tengo que hacer por ustedes, porque los quiero mucho, entonces bajo a la calle, miro para arriba y busco algo que me guste, una nube, el color del sol en el cielo, un pajarito... sonrío y trato de mantener esa imagen durante todo el día".
Los estudiantes que comienzan primer año en una Escuela de Reingreso es porque empezaron el secundario a los 12 o 13 años, por alguna razón no pudieron terminarlo y todavía no tienen los 18 años exigidos por el Estado para asistir a un secundario de adultos. No es fácil para ningún jóven terminar el secundario, pero para quienes tropezaron en la primer o segunda oportunidad se hace más difícil.
Lo que yo les quiero transmitir es que estudiar cinco o cuatro años no es fácil. Se necesita un esfuerzo importante. Lo puedo decir porque estoy metido en el sistema educativo desde que tenía 4 años, en un Jardín Pre-escolar de la calle España, en la ciudad de Posadas, en la hermosa y sufrida provincia argentina de Misiones, donde me criaron. Tengo 35, así que llevo 31 años metido en el sistema educativo, los seis años de primaria, cinco de secundaria, diez años en la facultad y todo el resto dando clase y formándome. Te puedo decir que sé lo que significa estudiar.
Estudiar no es lindo, porque no es natural. Estudiar es una imposición de la sociedad necesaria para que cada ser humano se ahorre tres millones de años de conocimientos desarrollados por sus ancestros y no los tenga que aprender solo repitiendo sus errores y fracasos.
Pero para eso hay que obligarse a levantarse a horarios que ningún niño, niña o adolescente se levantaría normalmente. Ducha y desayuno rápido, colectivo, tren, en bici, caballo o a pata ir a la escuela, respetar horarios, reglas, aguantarse las manías y caprichos de decenas de adultos diferentes, autoridades, auxiliares, docentes. Bancarse las mil y un peripecias de la convicencia con chicos y chicas que uno no eligió pero con los que va a pasar tanto tiempo o más del que pasa con sus hermanos o hermanas (que tampoco eligió pero que por alguna extraña razón ama con locura). 
Estudiar en casa significa quitarle el tiempo a otras cosas. Algunas más placenteras, como jugar con amigos y amigas, ver tele, dibujar, tocar música, bailar o cualquier cosa que te guste hacer. ¿Cómo no va a ser un sacrificio dejar de salir a jugar a la pelota, el elástico o la mancha venenosa una hermosa tarde de sol para quedarse encerrado o encerrada haciendo trabajos prácticos o repasando para futuras pruebas? 
Lo mismo si tengo otras tareas que no me agradan tanto, como ayudar a mis viejos o los adultos con quienes vivo en el laburo o en las cosas de la casa. Para estudiar tengo que pelearme con los amigos o amigas y con mis viejos o tutores para que entiendan algo que a veces -la mayoría de las veces- ni yo mismo entiendo, que tengo que estudiar.
En síntesis, repetir esta rutina tediosa tanto dentro de la escuela como fuera de ella no un día ni cien días, sino cuatro años o cinco del secundario... parece terrible, imposible, cruel e inhumano.
Obvio que sabemos que en el camino hay miles de descansos: los recreos, los cinco o diez minutos antes de entrar, la salida, las vacaciones de invierno y de verano. También entiendo que estamos hablando del secundario y no de tener que trabajar mil horas en un lugar que uno odia. Pero sigue siendo un esfuerzo.
Además hay que pensar que quienes estudian el secundario están en un momento muy complejo de la vida. No terminás de ser un infante, un niño o una niña pero tu cuerpo, tu familia y las circunstancias de la vida ya te obligan a que te hagas cargo de crecer, de madurar, de darte cuenta que dentro de poco tu vida va a depender de tus decisiones y acciones.
Lamentablemente muchos y muchas están obligados u obligadas a madurar antes del tiempo que sería lógico, porque no hay familiares que se hagan cargo, porque la miseria o la enfermedad obligan, por lo que sea. Es muy difícil estudiar para una prueba sobre los antiguos sumerios cuando en casa la plata no alcanza y nuestros viejos se pelean hasta por cómo dejan el cepillo de dientes en el baño o si mi hermanita está pasando por una enfermedad jodida... Cuánto más difícil es estudiar mientras una está aprendiendo a ser madre o si está soportando la carga de un trabajo... ni que hablar de esas verdaderas heroínas de nuestras escuelas que hacen las tres cosas a la vez.
¿Cómo se hace, entonces, para atravesar estos cuatro años y recibirse?
A pesar de todo es posible. Pero sólo si entendés que es un esfuerzo. Si entendés que es un esfuerzo tenés que saber que cualquier ser humano es capaz de enfrentar cualquier esfuerzo que le pongan por delante, siempre que le den el tiempo y las herramientas necesarias. En tu escuela vas a encontrar docentes y auxiliares que van a poner todo su esfuerzo en ayudarte a lograrlo. En tu camino encontrarás compañeros y compañeras que van a ser fundamentales para que lo logres. Incluso encontrarás enormes personas que serán tus amigos o amigas hasta el último día.
Pero nada de eso es suficiente si vos no te esforzás. Si no tomás la decisión de dejar de lado cosas más gratas o ingratas, si no te esforzás por relacionarte de la mejor forma posible con tu escuela, tus compañeros y compañeras y tus docentes y auxiliares. Y para soportar ese esfuerzo, lo mejor es saber para qué sirve, para qué lo hacés. 
Yo no voy a decirte cuál debería ser esa meta. Eso depende de vos, de tus deseos, de tus necesidades, de tus decisiones. Pero sólo si hacés como mi vieja, cada vez que la carga del secundario te parezca insoportablemente pesada, cuando estés pensando en dejar y aflojar... te aferrás a tu por qué y seguís, hasta que ganes, perdón, hasta que termines.
Pensá si no en lo que le pasa a Homero en el capítulo 13 de la sexta temporada de la serie The Simpsons (ver capítulo entero). Un día terminó de pagar todas sus deudas y decidió renunciar del trabajo que más odiaba, en la planta nuclear con ese patrón demoníaco que es el Señor Burns y dedicarse a su trabajo soñado: empleado en un Bowlin. Homero sentía que al fin después de muchos años su vida era perfecta, tenía el trabajo que más le gustaba hacer y, aunque el sueldo era poco, lo hacía chocho porque sus gastos eran también pocos. Hasta que un día llega Marge y le dice que está embarazada de Maggie. Homero se deprime, con un tercer hijo los gastos iban a crecer y no iba a poder aguantar con el sueldo del Bowlin.
Para colmo, cuando va a la planta nuclear a pedir que lo reintegren a su anterior trabajo, el Señor Burns lo obliga a arrodillarse, a humillarse y con toda la maldad del mundo le pone un cartel frente de sus ojos, permanente, en su lugar de trabajo que en inglés dice "Don't forget: you are here for ever." que en castellano quiere decir "No lo olvides: estás aquí para siempre.". Una tortura de todos los días, ver todos los días que no tenías futuro, que tus sueños habían terminado para siempre. 
Sin embargo, Maggie nació, Homero se enamoró de su pequeña hija como todo buen padre y madre hacen con la suya y con el tiempo Homero fue tapando el cartel con las fotos de Maggie para que sólo se pudieran ver algunas letras, que formaban la frase en inglés "Do it for her", que en castellano quiere decir "Hacelo por ella". Homero había encontrado una razón para luchar, para transformar el castigo de Burns en un camino para sobrevivir.
Como mi vieja, como Homero, muchos hemos podido soportar los esfuerzos que a veces nos pone la vida porque ya encontramos con mucha claridad esa cosa, ese ser, eso que justifica todos los esfuerzos, todas las luchas.
Cuanto antes encuentres el para qué, más cerca vas a estar de atravesar el secundario, ganarle a todo y terminarlo.
Contá conmigo para lograrlo.
Buena suerte.

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